UN PINO CON NOMBRES PROPIOS: LUIS Y JOAQUINA

Durante muchos años, la primera página del periódico que leía era el obituario. De reojo y sin respiración me acercaba al precipicio: las fechas de nacimiento y defunción que aparecían en las esquelas. Después, calculaba los años que tenía esa persona al morir.

Había días trágicos. Luego, respiraba hondo con las páginas de cultura y, cuando la cafeína del primer café llegaba a su éxtasis, me encadenaba a las hojas de actualidad como un condenado a su perpetua. La otra realidad, al rescate.

Ya no importan los motivos de mi neurótica costumbre, importa que un día Silvia, mi suegra alemana, me contó que iba a buscar un árbol para cuando se muriera. Y empecé a balbucear cosas como, ¿un árbol? ¿Pero cómo vas a saber cuál es? ¿Vas a tardar mucho en decidirte? Y, lo primordial, ¿no te da miedo? Nein - zanjó.

Vaya. La búsqueda del árbol y su poética. La idea se ancló en mi amígdala y prosperó. No sé como. Empecé a investigar por qué mi suegra y cientos de alemanes querían retornar a la Naturaleza en forma de árbol. El sentido circular de la vida, pensé. Al menos, había encontrado un sentido a la vida.

Una tarde triste en la Residencia de mis padres, le conté al mío que tenía un proyecto en la cabeza: ¿cuáles eran las razones que tiene una persona para elegir un árbol como su tumba? Y, entonces me reveló su secreto. Eso es, precisamente, lo que quería hacer él cuando se muriera.

- ¿Pero cómo? ¿Pero desde cuándo lo has pensado? ¿Pero si has pagado 30 años a un señor de negro que venía todos los sábados, acuérdate, al que llamábamos “la muerte” y qué a mí me daba mucho miedo? Hice todas las preguntas sin respirar.

- Ya- me dice. Es que yo planté una arboleda, pequeña, hará unos 30 años y me gustaría volver allí. Si quieres un día, en la primavera, vamos y buscamos un árbol.

- ¿Y mamá?

- Mamá, con la enfermedad, no entiende. Ya sabes que ella dice que donde vaya yo irá ella…

Me despedí sin enterarme todavía de qué me acababan de hacer el mejor regalo de todos: una historia que contar. En este caso, la nuestra. Así nació EL TESORO, un trabajo de desnudez familiar integral, que logré hacer gracias a mi amigo Néstor del Castillo, co-director, co-productor, com-pañero…

El TESORO, es el primer capítulo de AHORA SOY ÁRBOL. Mi padre ya le ha puesto nombre al pino que ha escogido, llevará el nombre de Luis y Joaquina. ¿Y si todos los árboles tuvieran nombre propio? ¿Arderían tanto nuestros bosques?... Estamos en verkami @ahorasoyarbol,


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